viernes, 14 de julio de 2017

MI “NO AL TACATÁ” (Y EL DE ALGUNOS PAÍSES)

Mi pequeño Samuel se encuentra en una fase de activo explorador/escalador y mi toda mi casa se ha convertido en un santuario del anti-peligro. ¡Pero así deben ser las casas con bebés que empiezan a moverse! Sabéis que soy una fiel defensora del “NIÑO AL SUELO” en todos sus aspectos y desde edades bien tempranas para promover su desarrollo motor, en primer lugar, y después su autonomía. Pues bien, últimamente veo muy arraigado a la tradición popular el uso (y a veces abuso) del tacatá para dotar de cierta “libertad” a grandes y pequeños y me apetecía hacer ciertas consideraciones a tener en cuenta antes de poner a nuestros niños en el andador.




Tirando de bibliografía, podemos leer en la revista médica británica “The British Medical Journal” un estudio en el que se informa de que “el uso del tacatá retrasa el gateo y el momento en el que se empieza a andar, entre otras funciones motrices, asegurando que su desarrollo es más lento comparado con niños que no lo utilizan”. ¡Y es cierto! Cuanto menos tiempo pasan nuestros bebés en el suelo menos posibilidades tendrán de aprender a moverse, a desarrollar su equilibrio, a reptar o gatear hasta su objetivo, a ponerse de pie, a incorporarse desde sentados sin apoyo, a mantener el equilibrio sobre una pierna, a agacharse para coger un objeto y controlar su caída, a desarrollar reacciones de paracaídas y evitar golpes poniendo sus manos como parachoques, ¡y un sinfín de hitos más!

El hecho de este retraso en la adquisición de los hitos motores viene determinado en gran medida porque el tacatá elimina la posibilidad de apoyar el peso del cuerpo sobre las plantas de los pies, provocando además que la postura “de puntillas” se mantenga en el tiempo impidiendo el correcto desarrollo del equilibrio de los niños. Su espalda y sus caderas se sitúan en una posición inadecuada (no ergonómica) y es como si porteásemos a nuestro bebé en una mochila “colgona”. Si no hacemos esto, por favor, ¡evitemos también lo otro!

Su uso está muy cuestionado y en algunos países desaconsejado, como por ejemplo en Estados Unidos. Incluso en Canadá están totalmente prohibidos (así como su comercialización, exportación y publicidad). ¡Y cuando esto ocurre es por algo!

Y después de que no beneficiamos en absoluto el desarrollo de nuestros pequeños, está el tema “peligros”, pues según la Asociación Española de Pediatría su uso es la segunda causa de accidentes en niños en el segundo semestre de vida. Y si no lo creéis aquí tenéis algunos ejemplos:
  •           Caídas por escaleras al no controlar visual ni espacialmente.
  •           Aumento de las intoxicaciones porque logran llegar a sitios a los que de otra forma no podrían.
  •           Traumatismos en la cabeza con una mesa (pues suelen quedar a esa altura).
  •          Quemaduras y/o heridas por alcanzar un mantel y estirar, derramando encima cosas calientes o punzantes.
  •          Fracturas porque el tacatá ha volcado y el bebé ha quedado atrapado bajo él.

Ya sea por seguridad o porque realmente queramos ver a nuestros peques desarrollarse como deben, parad un momento a pensar qué alternativas existen si lo que queremos es “controlar” por dónde se mueven o en un período de tiempo en el que nos tenemos que ausentar de donde ellos están y queremos evitar sustos. Los parques, las cunas de viaje o simplemente delimitar con vallas algunas zonas de casa (abajo os dejo unos ejemplos). Y por supuesto remodelar, como os decía, que las casas con niños deben parecer casas con niños, con el caos que conlleve y por supuesto, con la seguridad que merecen. 

         

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