miércoles, 15 de marzo de 2017

Los reflejos del bebé


Cuando nos convertimos en padres nuestra vida gira en torno a ese frágil e indefenso bebé que llega a nuestras vidas y nuestra principal preocupación es su salud física y psíquica. Muchas veces, incluso antes de que nazca, recurrimos a internet en busca de información sobre el desarrollo, signos de alarma…

Sin embargo, esta parte parece corresponder en cierta medida a los profesionales médicos, los pediatras de Atención Primaria, pues son quienes deben valorar adecuadamente el desarrollo psicomotor del peque desde el periodo neonatal para confirmar o descartar cualquier sospecha de diagnóstico. Además, los reflejos se suelen examinar justo después del nacimiento cuando se realiza el Test de Apgar al bebé (donde se evalúa además el esfuerzo respiratorio, el tono muscular, color de la piel y frecuencia cardiaca, con un valor de 2 puntos cada uno y medidos al minuto de vida, a los tres y a los cinco). La ausencia de reflejos en esta prueba puede ser una señal de que algo no va bien.

Más allá de esta valoración, como padres, podemos conocer mucho más acerca de nuestros bebés si sabemos en qué fijarnos, cómo hacerlo y cuándo. Para ello están los REFLEJOS PRIMITIVOS, que preceden a los movimientos voluntarios y al desarrollo de las reacciones de equilibrio. Estos reflejos, deben desaparecer para que la actividad voluntaria se desarrolle.


Existen reflejos primarios y secundarios, y cada uno aparece/desaparece en una determinada etapa del desarrollo. Si quieres saber qué son, cómo evaluarlos en tu pequeño y a qué edad corresponde cada uno, aquí te dejo un vídeo totalmente práctico para que aprendas a reconocerlos.   



viernes, 10 de marzo de 2017

La edad de los juguetes

     No, hoy no vamos a hablar de cuántos años tienen los juguetes, pero sí de cuántos pueden durarnos, del uso que podemos darles y en qué tenemos que fijarnos para utilizarnos a una edad determinada con los peques. Todos conocemos la edad recomendada por el fabricante a la hora de seleccionar un juguete que se adapte a nuestros niños, pero también debemos tener en cuenta la edad de desarrollo de los mismos, sus habilidades, su nivel de juego funcional, de imaginación y, cómo no, sus intereses.

     Por la red se pueden encontrar numerosas clasificaciones de juguetes según la edad cronológica de los niños, teniendo todas ellas aspectos en común. Pero si lo que quieres ver es un listado específico de juguetes recomendados por edades lo mejor es que visites la GUÍA AIJU, elaborada por auténticos profesionales.

      Al margen de esto, personalmente no creo que haya una edad LÍMITE (ni por arriba ni por abajo) para poder jugar con un juguete. Puede que el niño no desarrolle la actividad con el fin para la que se hizo, pero ahí es donde entramos nosotros para ampliar su funcionalidad, despertar en los niños capacidades nuevas y dotarlos de herramientas simbólicas de cara a la elaboración de juegos cada vez más elaborados y complejos. Y de esto SÍ vamos a hablar hoy.




     En la etapa de 0 a 6 meses, los bebés necesitan juguetes que les ayuden a descubrir su propio cuerpo, distinguir texturas, formas y colores. Para ello, tenemos sonajeros, móviles de cuna, mordedores, mantas de actividades, etc. Pero una vez alcanzada esa edad… ¿me deshago de esos juguetes? Un gimnasio puede ayudarle a mantenerse sentado más allá de los 6 meses mientras intenta agarrar los muñecos que cuelgan, unos meses después podemos quitarlos y usar la estructura cubriéndola de sábanas o toallas para hacer un tipi casero o tapar los laterales con cojines para hacer túneles en nuestra carretera. Incluso un sonajero hará las veces de maraca en mi orquesta aunque tenga 2 años.

     Entre los 7 y 12 meses, se convierten en verdaderos exploradores. En esta etapa encontramos pelotas, muñecos de peluche, juguetes con sonidos y luces, tentetiesos, sus primeros coches y andadores (¡ojo! ¡taca tacas no! Uso desaconsejado totalmente). Un andador bien equipado con una mochila o bolso nos hará las veces de carro de la compra o silla de paseo para nuestra muñeca favorita, y ¡cuántas luchas no habré visto entre tentetiesos para ver cuál aguanta más sin caer! Para esto… ¡no hay edad!

     De los 13 a los 18 meses, los niños ya caminan, reconocen y nombran objetos y personas, comienzan a hacer torres (encajar y apilar), suben en correpasillos y quizá observemos un inicio del juego funcional con algún coche (haciendo que lo pasean, echan gasolina, suben a un muñeco…). Para esto mismo nos pueden servir sus primeros coches, no hace falta que sean último modelo. Incluso podemos rescatar sonajeros o mordedores que tuviesen forma de animal, por ejemplo, para pasearlos en ellos. El correpasillos, bien montado, puede ser una cama fantástica o hacer de camilla en las urgencias más complicadas. Y qué decir de los mil y un usos de las anillas, que bien usadas desde su primer mes de vida le ayudarán en la manipulación, la coordinación ojo-mano y mucho más adelante para discriminar colores teniendo que ensartarlas en el orden que propongamos.

A partir de los 24-30 meses de edad, el juego se vuelve mucho más elaborado y son ellos quienes dotarán de nueva funcionalidad a sus juguetes: los cubos serán vasos, los lápices cucharas, los mandos móviles y las muñecas tendrán vida; veremos cómo un caballo habla con un coche para ir juntos por ahí y los dibujos tendrán nombre propio: “toma mamá, te he dibujado un perro”.


Se trata de buscar alternativas que alarguen la vida útil del juguete y despierten su imaginación, aunque para ello primero habrá que quitar un poco el polvo a la nuestra. ¿Qué otras cosas se os ocurren para aprovechar los juguetes? 


lunes, 6 de marzo de 2017

¿Cómo hablamos a los bebés?

Como apasionada que soy del desarrollo de la comunicación hoy os traigo un post sobre esos primeros encuentros del bebé con el lenguaje, el cara a cara tras el parto con las primeras palabras, el intercambio que se observa entre el bebé y sus padres durante las actividades de cuidado diario y que aseguran la supervivencia de ese peque en una primera etapa que, además, permitirá el despliegue de todo su potencial cognitivo y lingüístico.  

 



            Pero, ¿cómo es esta comunicación preverbal?, ¿cómo ayudamos a desarrollarla?


LA CONDUCTA COMUNICATIVA DE LOS PAPÁS Y MAMÁS CON EL BEBÉ


El lenguaje que los adultos dirigimos a los bebés (llamada habla maternal ó baby talk) es sistemáticamente diferente del que empleamos en una conversación con otro adulto. Este tipo de “habla” se caracteriza por:

·         Emisiones muy cortas y frases sencillas
·         Vocabulario limitado resaltando las palabras más importantes para la situación
·         Repeticiones de palabras y expresiones
·         Las palabras “se estiran”, se enfatizan prolongándolas más de lo habitual. No se cortan como quien enseña a separar en sílabas sino que hay un trasfondo acústico, casi musical
·         Los temas se limitan al aquí y ahora
·         Elevado empleo de expresiones faciales, verbales y gestos
·         Preguntas y saludos muy comunes y frecuentes
·         Las conductas del niño se “significan” y son los adultos quienes dicen lo que el bebe podría decir si pudiera hablar
·         Se evidencian “turnos” en las interacciones dando tiempo a que emitan una respuesta (motora, vocal, visual…)
·         Se modifica el tono de la voz y se vuelve más agudo que en el habla habitual

Pero lo realmente importante de esta forma que tenemos de dirigirnos a los bebés es que cumple tres funciones básicas para el desarrollo de la comunicación en CUALQUIER ETAPA en la que se encuentre el niño:
1)        Obtiene y mantiene su atención
2)        Facilita el establecimiento del vínculo emocional
3)        Permite que se establezca la comunicación a la menor oportunidad

Además de modificar el habla, los adultos además utilizamos la mirada. Mantenemos el contacto ocular mucho más tiempo de lo que se mantiene en las conversaciones con los adultos, duran hasta el 70% más. También, solemos controlar hacia dónde mira el niño para elegir el “tema de conversación” (siguiendo sus intereses). El observar qué miran los niños favorece que estos vayan estableciendo momentos de atención conjunta.

Además, acompañamos el lenguaje con una variedad notable de expresiones faciales. Frecuentemente hacemos uso de la sorpresa para iniciar, invitar o señalar que se está preparado para interactuar. Abrimos los ojos y la boca, las cejas se levantan, la cabeza se ladea y decimos algo como “oooooooh”, “aaaaaaaaaaah”.
Todas este repertorio de expresiones faciales que ponemos en marcha con los bebes se acompañan de cambios en el tono del habla y una disminución del volumen. Así también, los acompañamos de movimientos de la cabeza empleándolos para captar su atención, conectar y mantenerlos en la interacción.
Por último, hacemos uso de la proximidad como herramienta de comunicación más poderosa, traspasando límites de intimidad y confianza con los que queremos establecer y transmitir al bebé un vínculo afectivo único, utilizando su espacio interpersonal e invadiéndolo frecuentemente.

Y tú, ¿identificas tu conducta comunicativa con tu bebé en alguna de estas líneas?, ¿te has reconocido al leer cómo cambia nuestro lenguaje al dirigirnos a los más peques? Si no es así, puedes usarlo como tips para captar la atención de tu bebé y meterte de lleno en esta etapa en la que los niños nos dicen mucho antes de aprender a hablar. 
             

miércoles, 1 de marzo de 2017

El desarrollo del juego como base de aprendizaje




       El juego es una parte fundamental del desarrollo de todo niño en crecimiento. No se trata de un mero entretenimiento, sino que además incrementa sus habilidades y contribuye al aprendizaje de conceptos (colores, formas, tamaños…), les ayuda a desarrollar la creatividad, descubrir sus gustos y, además, suministra un medio (aparte del lenguaje) para que expresen sus temores, necesidades y deseos.

     Todos los niños juegan, aunque no de la misma manera, variando en función de su edad, su desarrollo y sus preferencias. Existen varias etapas que el niño atraviesa según va creciendo, siendo cada una muy importante para el desarrollo de la siguiente, si bien no todos los niños progresan de una etapa a otra al mismo tiempo. 
      Si quieres conocer en qué etapa se encuentran tus peques y algunas recomendaciones de juguetes para estimular sus habilidades, te invito a pasarte por el BLOG DE IWANNATOY donde colaboro. ¡Te espero!

lunes, 27 de febrero de 2017

Cómo influye nuestro rol en el desarrollo del lenguaje de los niños



La comunicación, el lenguaje, las primeras palabras de nuestro pequeño… es un tema recurrente en nuestro papel como papás y muchos desconocemos que, al igual que hay estilos educativos que adoptamos a la hora de educar, también existen roles comunicativos que son determinantes a la hora de apoyar el desarrollo del lenguaje de los niños.
       Aunque todos tenemos uno que nos caracteriza, los adultos a lo largo del día asumimos diferentes roles: a veces damos instrucciones, otras animamos para que puedan realizar alguna actividad, comprobamos que han comprendido algo, les ayudamos a hacer una tarea… El papel que desplegamos en la interacción con los niños es tan importante ya que puede favorecer o entorpecer en gran medida el despertar comunicativo de los niños.
          
        Pero no solo los padres adoptamos un rol, podemos verlo en pediatras, terapeutas, educadores… Hoy vamos a aprender cómo identificarlos y cuáles son los más favorecedores para desarrollar el lenguaje en los niños.

¿Qué rol comunicativo tenemos como padres?

Rol de director: cuando nos dirigimos a niños muy pequeños, nuestras interacciones suelen dirigir las actividades que realizan, planificamos lo que harán, les decimos qué tienen que hacer o cómo hacerlo... PERO desplegar este rol continuamente provoca un cierre en la interacción en la que no permitimos al niño tomar la iniciativa, elegir, decidir o responder de alguna forma a la misma.
    - Rol de examinador: cuando un niño no sigue el ritmo de desarrollo esperable para su edad, todos nos esforzamos por ayudarle a aprender “más y más” sometiéndole a preguntas infinitas para comprobar cuánto han aprendido… PERO poner a prueba constantemente a un niño no favorece la interacción ni aumenta su aprendizaje, de hecho puede inhibir a los niños con un estilo comunicativo más pasivo.
   - Rol de animador: se trata del adulto que busca proporcionar diversión al niño por encima de todo para conseguir su atención, hacerle reaccionar y comunicarse, consiguiendo en muchas ocasiones que sea el adulto quien siempre tome la iniciativa y juegue, hable, cante, etc., convirtiendo al niño en espectador… PERO si ponemos en juego este papel durante mucho tiempo, le estamos dando pocas oportunidades de involucrarse en la interacción.
   - Rol de espectador: a veces, la propia inseguridad del adulto o su falta de experiencia hacen que tome distancia en las interacciones con el niño, dedicándose más a observar. Esto se intensifica en niños a los que les cuesta iniciar la comunicación y prefieren jugar solos… PERO, si el adulto se aleja, no hay una oportunidad real para que el niño pueda desarrollar el lenguaje. 
 - Rol de asistente: cuando nos encontramos con niños que tienen dificultades para comunicarse, tendemos a facilitarles las cosas asumiendo nuestro papel de hacer todo por ellos, sin esperar demasiado de la interacción (“no puede”, “pobre”, “yo lo hago para que aprenda”, etc.)… PERO cuando ayudamos en exceso, no les damos la oportunidad de mostrarnos aquello que sí pueden hacer, qué es lo que les interesa o cómo se comunican ante una necesidad.  
   - Rol de alentador: es muy fácil de reconocer, lo encontramos en adultos que dan aliento al niño con expresiones como “bravo”, “muy bien”, “ese es mi niño”… Está claro que es muy importante reconocer sus logros, PERO el exceso puede provocar que los niños se vuelvan demasiado dependientes de este refuerzo y no desarrollen motivaciones nuevas por aprender, además de que estas expresiones cierran la comunicación cuando lo recomendable sería iniciarla.
  - Rol de ejecutivo: los padres vivimos con una agenda diaria completísima, los educadores con un programa escolar que cumplir, y en la consulta de pediatría los niños se suceden unos a otros en un horario rígidamente establecido. En este rol, nos ponemos en modo automático para llegar a todo PERO con ello perdemos miles de oportunidades de conectar con los niños, hablar de sus intereses y aprovechar situaciones en las que esté motivado y comunicativo.
  - Rol de adulto receptivo: cuando se trata de ayudar a los niños a interactuar y usar el lenguaje es importante adoptar un papel de compañero, acorde a sus intereses, necesidades y habilidades, dándoles la oportunidad de iniciar la interacción, respondiendo a ella, estableciendo turnos y dándole el tiempo necesario para que la comunicación se repita… PERO es difícil se receptivo en todo momento.

Debemos recordar que somos los adultos quienes posibilitamos el desarrollo comunicativo y lingüístico de los niños. Todos y cada uno de nosotros desplegamos varios roles a lo largo del día, aunque siempre hay uno que ponemos en juego más que otro y que define nuestro estilo comunicativo. Ahora puedes ver qué elementos son los que facilitan la interacción con tu pequeño y ponerlo en práctica. Cuéntame, ¿cuál es tu rol?


sábado, 25 de febrero de 2017

Signos de alarma en el desarrollo en niños de 0 a 3 años

       
          Un signo de alarma en el desarrollo no presupone la existencia de un retraso o trastorno, pero es importante valorar qué nos está intentando decir de la evolución de nuestros pequeños. Los más conocidos son los retrasos en la adquisición de alguna habilidad (la marcha sin apoyos, el señalado, la imitación, el lenguaje…), la persistencia de patrones que ya deberían haber desaparecido (reflejos primitivos, asimetrías en el movimiento…)  o signos que son anómalos a partir de cierta edad concreta (movimientos repetitivos, juegos poco elaborados, etc).

         Es fundamental que los pediatras y educadores de Escuelas Infantiles estén atentos también a todas estas señales que en casa pueden pasar más desapercibidas (bien porque no hemos puesto el foco en ese aspecto, no tenemos peques alrededor con los que “comparar” o porque confiamos en que sea algo madurativo que se resuelva en unos meses). Para ello, hay tablas de desarrollo, artículos, libros… que nos marcan unas edades aproximadas de consecución de hitos y por las que nos guiamos como padres.



         Hoy vamos a desglosar, trimestralmente, aquellas señales que nos puedan indicar que algo en el desarrollo de nuestros pequeños necesita un empujón:

De 1 a 3 meses:
-     Dificultad de seguimiento visual (primero horizontal, después vertical y por último en círculos)
-      Ausencia de sonrisa social
-      No se “acopla” al abrazo cuando se le sostiene
-     Pulgar incluido dentro de la mano (a partir del 2º mes, aproximadamente, puede ser síntoma de daño neurológico)
-      Ausencia de sostén cefálico
-      No sujeta objetos en su mano (prensión voluntaria)

De 3 a 6 meses:
-      Ausencia de gorjeos y balbuceos
-      No localiza sonidos que están fuera de su campo visual girando la cabeza
-    Hipertonía/hipotonía axial (sostenidos por las axilas, su cabeza se hunde en los hombros)
-     Dificultad para permanecer sentado sin apoyos
-     Se atraganta constantemente al comer
-     No muestra interés por su imagen en el espejo
-     Pobre empatía en interacción con el adulto

De 6 a 9 meses:
-  Ausencia de la pinza (primero la inferior –pulgar y lateral del índice flexionado- y luego la superior –pulgar e índice-)
-   No realiza cambios posturales (de boca abajo a boca arriba y viceversa)
-   No se mantiene sentado sin apoyos
-   Dificultad en la coordinación ojo-mano
-  Ausencia de permanencia de objeto (busca un objeto que cae fuera de su campo visual)
-  Pobre interés por la interacción con otras personas

De 9 a 12 meses:
-    No muestra interés por objetos y personas
-    Dificultad en la comprensión de palabras sencillas (papá, mamá…)
-    Ausencia de bipedestación con apoyo (agarrado a un mueble, por ejemplo)
-    Manipulación torpe (no juega a meter/sacar, ensartar anillas…)
-    No participa en juegos de interacción (palmitas, lobitos…)

De 12 a 15 meses:
-  No imita acciones (decir adiós, tirar besitos…) y sonidos (de animales, primeras palabras…)
-   Intereses restringidos y poco flexibles (siempre elige los mismos juguetes, dibujos, cuentos…)
-    Realiza juegos poco elaborados y repetitivos (a veces no da el uso que corresponde a los objetos)
-      No señala para pedir/mostrar algo que es de su interés
-      Evita mantener el contacto visual o mirar a los ojos en la interacción

De 15 a 18 meses:
-     No imita palabras, sonidos y gestos tras verlos en otro
-     No nombra ni señala objetos que se nombran
-     Ausencia de marcha autónoma
-     Dificultad para subir escalones gateando
-     No realiza juegos funcionales sencillos (hacer una torre con cubos, etc.)
-     No emite ninguna palabra con sentido referencial
-     Ausencia de respuesta al nombre

De 18 a 24 meses:
-      Dificultad para comprender órdenes sencillas (ven aquí, dame la pelota…)
-      No identifica objetos o dibujos en cuentos cuando se le pide
-      Escaso interés por la interacción con otros niños
-      No realiza juegos funcionales (hacer como que come, se peina…)
-      No sube escaleras de forma autónoma
-      Persistencia en juegos poco habituales: alinear objetos, mostrar interés por partes específicas de objetos (por ejemplo las ruedas de los coches)

De 24 a 36 meses:
-      Dificultad para prestar atención en cuentos o canciones
-      No combina 2 ó más elementos para formar frases
-      No señala partes del cuerpo en sí mismo y en otro
-      Dificultad para garabatear
-      Corre de forma descoordinada
-      Repetir palabras/frases una y otra vez (ecolalia)
-      No realiza preguntas ni relata situaciones que ha vivido
-      Ausencia de juegos de simulación (hacer como que un muñeco vive, regañarle, etc.)
-      Dificultad en la articulación del lenguaje

Además, existen una serie de “pasos evolutivos” que son una variación del desarrollo, sin carácter patológico y cuyo conocimiento restará alarma a muchos papás preocupados. Algunos de estos son:

-         El desplazamiento sentado o el gateo apoyando una rodilla y el pie contralateral,
-          La marcha sin pasar por la etapa de gateo,
-          La marcha de puntillas las primeras/semanas tras el inicio de la marcha,
-          El tartamudeo fisiológico alrededor de los 24 meses,
-          Ciertas dislalias fisiológicas (como la del fonema “r”) hasta los 4-5 años

Es importante valorar uno a uno los signos de alarma que observemos en nuestros niños, puesto que de forma aislada no suponen una dificultad en el desarrollo, pudiendo ser señal de un simple retraso en algún área. Sin embargo, si observamos que existe más de un área afectada debemos considerar la derivación a un servicio especializado de Atención Temprana para realizar una valoración completa.

Es preferible atender y apoyar un simple RETRASO madurativo hoy para evitar tener que enfrentarnos a un TRASTORNO en el desarrollo mañana. 





miércoles, 22 de febrero de 2017

Claves para una retirada del pañal con éxito

Se acerca el buen tiempo y muchas familias empezáis a pensar en la retirada del pañal, así que hoy os traigo algunas ideas para que llevarlo a cabo no sea tan traumático para grandes y pequeños, ¡espero que os sea útil!

El control de esfínteres diurno es mucho más fácil cuando se empieza a preparar con antelación. Al final, se convertirá en un hábito diario y los peques pasan de desconocerlo por completo a pasar medio día sentados en el baño esperando el milagro, con público incluido. Por esto es importante que unas semanas antes de decidirnos a retirar el pañal, habituemos al peque a sentarse al menos 3 veces al día y siempre a las mismas horas (para favorecer la anticipación y la comprensión), por ejemplo: al cambiarle el pañal recién levantado, antes de la siesta y a la hora del baño. Podemos empezar a hacerlo como un juego: “te siento aquí mientras preparo la ropa/bañera…” para evitar presiones innecesarias sobre algo que aún desconocen.

Otra herramienta útil es conocer sus “hábitos”. Podemos elaborar una tabla o registro en el que, durante 2 semanas (antes de retirar el pañal) comprobemos cada hora el pañal y anotemos si está mojado o no. De esta forma tendremos un horario aproximado para que, cuando retiremos el pañal, busquemos horas en las que sentarlo más frecuentemente. Es importante que en el registro se impliquen todas las personas que pasan tiempo con él (escuela infantil incluida) para que sea efectivo. Además, podéis jugar con la cantidad de líquido que le ofrecéis si, por ejemplo, por la tarde pasa más tiempo en casa o con vosotros.

Algunas claves que os pueden venir bien en esta etapa son:

- tener paciencia (en cantidades industriales)
- empapadores (si vuestros sofás tienen fundas, introducidlos debajo, pues cuando están más despistados es cuando más fugas hay, por ejemplo viendo la televisión),

              
         despejar la casa de alfombras,
            - adaptador para el baño (personalmente lo prefiero al orinal, ya que hay niños a los que el cambio luego de orinal a váter les cuesta; además, el pipí se hace en el baño, hay que darle sentido y contextualizarlo, y así nos evitamos la tentación de “lo siento en el salón mientras ve los dibujos”), 
              - elevador para los pies (muy importante para dar esa seguridad que tiene el orinal al dejar que se apoyen, algunos tienen hasta asas como el que os pongo al final y siempre es útil para que se laven las manos, etc.),

            


       canciones o cuentos relacionados con el pipí (además de usarlos para anticipar e ir introduciendo el tema, si son cortos nos pueden servir para verlos mientras está sentado y nos ayudan a “temporalizar”, ya que hay peques que les cuesta estar sentados y otros que se quedarían horas (si hay una Tablet de por medio, por ejemplo), perdiendo así el sentido de lo que estamos haciendo. Aquí os pongo algunos:

            
       


    - Me parece importante también hablar de algunos "falsos mitos" o errores a evitar, aquí tenemos:

ERROR 1: “Vamos en coche… se lo pongo solo un ratito”. Si el peque apenas es consciente aún de cuándo debe anticiparse al pipí, mucho menos lo hará si hay veces que “no pasa nada” porque ni me he mojado ni mamá/papá me ha dicho nada (llevo pañal) y otras veces les veo correr fregona en mano, gritando por el pasillo y duchándome a deshoras. Es preferible preparar todo bien con empapadores, MUCHAS ropas de cambio, toallitas, etc. Una vez empecéis, siempre hacia delante.

ERROR 2: “Si no habla… ¿cómo le voy a quitar el pañal?”. Los peques con dificultades en el desarrollo del lenguaje también pueden estar preparados para dejar el pañal. Habría que valorar la intención comunicativa y el nivel de comprensión en lugar de la cantidad de palabras que digan. Existen otras formas de pedir (con un gesto que se asocie al pipí o una imagen que nos pueda entregar cada vez que quiera ir al baño).

ERROR 3: “Voy a probar esta tarde”. Muy similar al ERROR 1, no podemos crear esta confusión en los peques. Pensad que llevan TODA SU VIDA haciendo algo sin consciencia, de manera involuntaria, y ahora les pedimos que se den cuenta antes de hacerlo, que lo pidan, que se bajen la ropa a tiempo, que no se mojen… No se aprende a conducir en un día, menos con una tarde a la semana. Es necesaria cierta anticipación y planificación.

ERROR 4: “¡Se lo quito como que me llamo Lourditas!” A veces es frustrante ver cómo mamás, papás y educadores se empeñan en que ha llegado el momento del niño, cuando puede no ser así. Existen muchos componentes y pasos intermedios para que un peque controle los esfínteres sin dificultad: conciencia de hacer pis, herramientas para pedirlo, seguridad, cierto desarrollo madurativo, autonomía y autodeterminación, etc. Si en un par de semanas veis que no está preparado, hacer un parón. Quizá un mes o una semana después sea él quien os lo pida, o vosotros quienes veáis que puede ser un buen momento para probar de nuevo. No lo sintáis como una rendición, sino como una práctica para afianzar la habilidad.

ERROR 5: “Ya no se moja, voy a probar por la noche”. La retirada del pañal por la noche es posterior, y es importante que el niño ya tenga una buena conciencia de “pipí” y lo pida para iniciarla. La culpa de esto la tiene la siesta. Hay peques que aguantan ese período de 1h 30 min ó 2h sin una sola fuga, pero es importante saber que en ese breve espacio de tiempo suele ser un sueño más profundo y durante la noche hay más microdespertares en el que quizá no acierte a pedirte pipí.

ERROR 6: “Tengo vacaciones en agosto, se lo quito en 15 días”. Hay mamis a las que les gusta el riesgo y prefieren esperar al “momento” adecuado para ellas, pero sin saber cómo va a reaccionar el peque. Es difícil adivinar si “está preparado/no está preparado” hasta que no nos metemos de lleno. Es importante no buscar nuestro momento ni esperar hasta el último día antes de la entrada al cole. Es preferible que el aprendizaje esté bien afianzado una vez llegada la fecha para evitar el mayor número de escapes posibles.  


Como veis, no todo vale. Es una etapa que tenemos que pasar antes o después, así que no os enfrentéis solos a ello (implicar a los abuelos, la escuela infantil…). Es importante que reméis todos en la misma dirección para que el peque no tenga dudas y lo aprenda sin mayor dificultad, aunque cada niño es un mundo y aquí estoy yo para echar una mano cuando se necesite.